¿Inglés británico, americano o neutro?

Hace unos días, una persona me sorprendió al decirme que ella entendía que el inglés británico era el inglés “como debe ser” y, por eso, era importante que en el colegio de su hijo le enseñaran ese inglés y no el americano. Me pregunto si esa persona también pensará que el español de España es el español “como debe ser”.

¿Te imaginas que viniera un gringo a Chile y quisiera aprender español “como debe ser”? ¿Qué le dirías? ¿Que se tapara los oídos cuando escuchara “cachai?”, “estai” y, sobre todo, cuando escuchara la muletilla que en las redes sociales escribimos como “wn”?  Espero que no, porque ese pobre gringo se quedaría sin entender la mitad de lo que hablamos. Me imagino que, en ningún caso le sugerirías que pronunciara la “z” como en España y, si tuviera la “desgracia” de haber aprendido algo de español en ese país, más de alguno se reiría cuando dijera “suzio” y no “susio” (al tratar de decir “sucio”). Pero entonces ¿qué significa aprender el español “como debe ser”?

Para mi es obvio que el español de España no es el español “como debe ser”. Después de todo, yo hablo español y no siempre le entiendo a los españoles. En realidad, lo que la mayoría de la gente tiene en mente cuando piensa en su idioma “como debe ser”, piensa en algo muy abstracto, casi artificial.

Si no me crees, piensa en los dvds de películas que dan la opción de audio. En algunos encontrarás la opción “español neutro” ¿sonará ese español como el de España, Chile, Argentina, etc.? No, pero lo podrán entender en todos esos países. En otras palabras, no conocerás en vida absolutamente nadie que hable como los personajes de esa película en ese audio, sin embargo, la corrección –o fidelidad a la lengua- con que hablan te permitirá entenderles.

Pasa lo mismo con el inglés. Aquellos que quieren aprender el inglés “como debe ser” o un “inglés neutro” deberán resignarse a aprender algo artificial. ¿Es esto bueno? Depende. Todo depende. Sin duda es bueno en el sentido de que todos los hablantes nativos te entenderán, aunque evidentemente no sonará “natural”. Ahora, si sólo entiendes el inglés neutro, evidentemente tendrás problemas, pues podrás comprender una mínima parte de lo que cualquier angloparlante diga.

¿Todavía no tienes claro qué es lo mejor para ti? Insisto, depende de tus objetivos. Si quieres sonar parecido a un hablante nativo, deberás decidir si quieres hablar como británico, como norteamericano, como australiano, etc. E incluso así, puede que no suenes “nativo”, pues no tendrás un acento “local” (los de Alabama no hablan como los de Nueva York, por ejemplo).

A mi modo de ver, no vale la pena hacer el esfuerzo por parecer nativo, excepto si quieres dedicarte a la actuación (aunque, si lo pienso, tampoco se justifica en este caso, porque tendrás tiempo de preparar el modo de hablar de cada personaje).

Lo que pasa es que nadie habla perfecto ¿para qué ponerse una presión innecesaria? Lo realmente indispensable es que, cuando hables, te entiendan. Por eso, un acento y vocabulario “neutral” basta.

Pero ojo, el vocabulario “neutral” puede no ser el más efectivo en distintos contextos. O ¿acaso crees que conseguirás algo de un adolescente si le dices que lo “exhortas” a hacer tal o cual cosa?

En este sentido, una persona que haga un uso adecuado de distintos registros, es decir, que hable distinto en un contexto u otro, mostrará un dominio más avanzado de la lengua. Pasa también en nuestra lengua materna. Por ejemplo, cuando en un hospital o clínica pregunto por el estado de salud de un paciente, espero que la persona que me de el informe sea capaz de decirme algo como “está estable dentro de su gravedad” y no un simple “está bien” ¿se entiende?

Lo mismo ocurre en la otra parte que es necesaria para decir que uno sabe el idioma: la recepción. Ya he dicho que, si sólo dominas un inglés “neutro”, no comprenderás lo que la gente dice. En cambio, si eres capaz de entender distintas formas que los hablantes tienen de expresarse (ya sea por diferencias de acento o de contexto), menos límites de comunicación tendrás. En consecuencia, mientras más registros logres comprender, mejor será tu dominio de la lengua.

Si vas a comprar boletos en el Barbican Centre (en Londres), créeme que no te hablarán de la misma forma que el señor que descarga cosas de un camión y bloquea la entrada del museo que quieres visitar, pero es probable  que, si estás de visita en la ciudad, necesites comunicarte en ambos casos (es lo que a mí me pasó).

Pero no te engañes. En rigor, no es necesario (ni posible) dominar todos los registros existentes. Piensa que así como puede que tú no seas capaz de entender la conversación en español de un par de adolescentes, lo más seguro es que un hablante nativo de inglés tampoco entienda todos los registros.

Por esto creo que, mejor que aprender sólo “inglés americano” o “inglés británico”, es ser expuesto a la mayor cantidad de acentos y registros, especialmente si quieres viajar por el mundo. Claro que, si te vas a mudar a Canadá, la prioridad debería ser familiarizarse con ese acento antes que nada (pero no exclusivamente, recuerda que allá encontrarás otros inmigrantes que tendrán su propio acento).

Podría seguir, pero por ahora prefiero terminar, invitándolos a reflexionar sobre sus objetivos. Si quieres poder hacer en inglés todo lo que haces en español, piensa qué habilidades tienes en tu lengua materna y lo que realmente necesitas hacer en otra lengua.

Yo hablo inglés de manera fluida, pero siempre digo que mi español es mejor que mi inglés, porque, por ejemplo, leer a Shakespeare se me hace cuesta arriba, mientras que para leer el Quijote no tengo mayor inconveniente. Claro que me gustaría llegar a leer Hamlet como leo el Quijote, pero en estricto rigor, no lo necesito (al menos de momento).

Asimismo, si tú dominas todo un lenguaje técnico correspondiente a tu profesión, debes saber que para andar de turista no necesitarás aprender lo equivalente en inglés, pero sí tendrás que hacerlo si deseas asistir a congresos o trabajar en el extranjero.

Por último, si estás conforme hablando “chileno” y te vas a vivir al extranjero, es probable que quieras aprender la lengua que se usa en el lugar de destino, y no sólo una lengua artificial.

Piénsalo. Así, podrás plantearte metas “prácticas” (lo que debes conseguir) y otras más “soñadoras” (lo que algún día te gustaría lograr).

¡Hasta la próxima!

 

 

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Una dimensión desconocida de palabras cotidianas

Al comenzar el cuarto mes del año, del hemisferio norte me llegó una postal (virtual) que decía “Hello, April!”. Si saben un poquito de inglés, podrán traducir esta frase a “¡Hola, abril!”. Sin embargo, ésta no es la expresión de alguien que intenta hablar con un mes. Este saludo es sólo una forma retórica de demostrar una actitud de bienvenida.

¿A qué se le da la bienvenida? A juzgar por la imagen -que mostraba árboles floridos- a la primavera y todo lo que ella implica: temperaturas más agradables, días más soleados, el renacer de la naturaleza, etc.

¿A ti se te viene a la mente todo eso con el mes de abril? Si eres, como yo, de Sudamérica, la respuesta será no. El mes que para mí trae eso a la mente es septiembre. ¡Bienvenido septiembre!

(A los chilenos septiembre también nos hace pensar en las Fiestas Patrias, pero eso es otro cuento).

Aunque parezca obvio, lo diré de todas formas: no hay que olvidar que en distintos hemisferios hay distintos imaginarios para los meses del año.

Asimismo, debemos siempre tener presente que en diferentes lugares, con realidades distintas, los imaginarios también pueden ser distintos y eso afecta el tipo de palabras que evocan otras palabras.

Entender esa diferencia de imaginarios nos ayuda, sin duda alguna, a tener mejor comprensión de la lengua.

Comprendo mejor el “Hello, April”, cuando recuerdo que viene dicho desde el hemisferio norte.

También puedo comprender mejor el comienzo del poema The Waste Land (de T.S. Eliot) cuando soy capaz de ver (sentir) la paradoja y, por tanto, el peso que tiene enunciar algo como “April is the cruellest month” (“Abril es el mes más cruel”), cuando se lo considera el mes del renacer, del amor y todo eso que viene asociado a la primavera.

Pasemos a otro plano. ¿Qué realidad es más cercana que nuestro propio hogar? ¡Ninguna! ¿Habrá diferencias entre las casas de un lugar y otro? ¡Sin duda! ¿Encontraremos ahí ejemplos que den cuenta de una diferencia de imaginarios? ¡Evidentemente!

Tal vez nos cueste pensar en “las casas de aquí” y “las casas de allá” porque no son todas iguales, sobre todo en esta parte del mundo, que tiene influencias arquitectónicas de muchas culturas. Pero podemos pensar en ciertos rasgos en común.

Imagina tu casa o la de tus conocidos ¿cuál dirías que es el lugar para guardar el auto?

Probablemente, pienses en el estacionamiento (techado en el mejor de los casos) que está a un costado o delante de la casa, pero en ningún caso pensarás en una habitación.

En cambio, en Estados Unidos, lo más normal es que las casas tengan un espacio ¡en su interior! para uno o dos autos (¡incluso para tres!), probablemente para protegerlo de las inclemencias del clima y/o resguardar una valiosa posesión.

Estoy segura de que lo han visto en alguna película o serie gringa. La casa habitada por los Simpsons (en la serie del mismo nombre) es un buen ejemplo del prototipo de casa norteamericana, en la cual se puede ver este rasgo de la casa, el garage.

Recuerdo una vez que un alumno (mientras hablábamos de Steve Jobs, creo) comentó incrédulo “¡No puede ser que todos los exitosos hayan partido trabajando en su garaje!”.

Pero es que, en el imaginario gringo, todos tienen un garage y, como muchos no sienten la necesidad de resguardar tanto su vehículo, terminan usándolo como una habitación “extra”.

Es más, el garage es el clásico lugar donde se juntan los jóvenes a tocar música, tanto así que es posible preguntar ¿quién no ha sido alguna vez parte de una garage band”? Esa es probablemente la razón por la que el nombre comercial de un software de composición musical de Mac lleve ese nombre.

Si quisieras comenzar un negocio y necesitaras una oficina o taller para llevarlo a cabo ¿no sería ideal no tener que pagar por un lugar? Entonces, puedes entender perfectamente por qué no debe extrañarnos que ese lugar ideal sea, para los norteamericanos, el garage.

Entender la realidad del “garage” me permite saber que, no se trata de que todos los que han tenido éxito (bandas o empresas) hayan empezado ahí, sino de que la mayoría de las bandas y empresas comenzaron ahí, también las que no tuvieron éxito.

Sigamos con otra habitación. Si te preguntan ¿cuál es el lugar de la casa donde se guarda lo que ya no sirve, o no se usa, o se quiere esconder, aquel lugar oscuro, abandonado, lleno de polvo y telarañas? ¿Dirías que es el sótano?

Bueno, un angloparlante probablemente diría que es el “attic”. Recuerdo un episodio de The Simpsons (especial de Halloween) en que los niños descubren que en el “attic” estaba encerrado (escondido, sacado de la luz pública) el hermano siamés de Bart, que supuestamente sería un demonio.

Pero si viste el episodio de la serie o buscas en un diccionario de inglés-español/español-inglés, sabrás que “attic” es “ático” o “buhardilla”, porque es lo que corresponde al espacio que existe en lo alto de la casa.

“Attic” podría ser equivalente al “sótano” en términos simbólicos, pero no en ubicación en la casa. La habitación “subterránea” de la casa es el “basement”, sin embargo, esta palabra no evoca lo mismo que “sótano”.

Entonces ¿Qué es lo que trae a la mente la palabra “basement” (con la que muchos ya están familiarizados por ser el nombre de una marca de ropa)?

Si les cuento que en Estado Unidos los basements son el lugar donde la familia se refugiaría en caso de huracán o tornado, entenderán porqué estas habitaciones suelen tener una despensa, además de áreas de juego y/o descanso, y que, gracias a estas comodidades, son una parte importante de la vida cotidiana.

Debido a esto, es probable que “basement” evoque palabras como refugio, descanso, comodidad, tiempo familiar e incluso, diversión (no por nada uno de los basements que conocí tenía ni más ni menos que una pista de baile, con luces y todo).

Por otra parte, los cimientos de una casa son el “house basement” y es muy probable que la marca de ropa quisiera jugar con esta idea, ya que vende prendas “básicas” (que podrían ser el cimiento) para construir desde ahí un estilo propio. Esto no quiere decir que “Basement” no busque también asociarse a las sensaciones placenteras evocadas por el lugar cómodo y familiar del que hablé antes ¿quién sabe?

Pese a lo dicho, debo hacer una advertencia. Si bien esta es la experiencia que se puede tener de los “basements” en nuestros días, sí hay en la literatura (universal) subterráneos terroríficos y, por tanto, aunque para la mayoría de los mortales el “basement” represente refugio y comodidad, puede tener otro valor simbólico en la literatura.

Aun así, no deja de llamarme la atención lo que ocurre en un cuento considerado ya un clásico de la literatura estadounidense, y en el que la descripción del ambiente tiene un papel muy importante. Me refiero a The Fall of the House of Usher (“La caída de la casa Usher”), de Edgar Allan Poe.

Para quienes han leído este relato ¿recuerdan dónde es que Roderick Usher decide poner el cadáver de su hermana antes de su entierro definitivo? Si alguno recuerda que en una habitación que estaba justo debajo de la del personaje-narrador, podría pensar que se trata del “basement”. Es más, algunos análisis que he leído lo nombran así. Pero en el cuento no aparece esa palabra. La palabra que Poe usa es “vault”.

“Vault” es, en términos arquitectónicos, una bóveda, pero lo primero que vendrá a la mente del lector es un cuarto acorazado, con seguridad impenetrable, como el que utilizan los bancos para resguardar los valores.

No me sorprende que Poe haya tenido que usar esta imagen para producir la sensación de encierro mortal. Para nosotros es probable que “sótano” hubiera bastado para tales efectos.

Pero a Poe no le bastó “basement”. Probablemente sólo “vault” evocaba en su mente el lugar de encierro asfixiante y, por lo mismo, sombrío, en el que debía ocurrir el relato.

Yo, por mi parte, si me hubiera quedado encerrada en el sótano que tenía la casa de mi infancia, habría muerto de horror y estoy segura de que me hubiera sentido como en la “vault” del cuento de Poe.

Por eso, quiero terminar insistiendo en la idea de que se entiende mejor una palabra cuando se sabe qué otras evoca. Es la evocación la que nos puede llevar a descubrir o dimensionar los “efectos” que una palabra provoca.

 

Bueno, los dejo por ahora. ¡Hasta la próxima!

 

 

 

The muffin man o lo que hay detrás cuando hablamos de comidas

¿Qué trae a tu mente la palabra “sopaipilla”?  Si eres chileno, no me cabe duda que pensarás en días de invierno, mucha lluvia y frío. Puede que también pienses en sus variantes y recuerdes la chancaca (azúcar morena que se usa para hacer una especie de caldo en que las sopaipillas se sumergen) o que sepas prepararlas y pienses en zapallo y fritura.

Ya conocen el ejercicio: el objeto evoca situaciones, acompañamientos, ingredientes, etc. La palabra evoca otras palabras.

Y así pasa con todas las tradiciones culinarias, que varían de pueblo en pueblo, pero que también pueden tener una base común.

Recuerdo que en un test para certificar el nivel de inglés, se mostraba un video en el que la acción ocurría durante el “lunch time” norteamericano. No aparecía reloj alguno, ni se decía la hora exacta, pero una de las preguntas de comprensión era “a qué hora ocurren los hechos?” y las opciones eran algo así como: a) 7-9 am, b) 10:30 -12:30 am c) 12:30 am- 2:30 pm d) 5-7 pm. ¿Qué habrías respondido tú?

Si traduces lunch por “almuerzo”, es probable que pienses que la respuesta es c). Pero el “lunch time” en la cultura norteamericana es más bien 11 o 12 de la mañana, es decir, la respuesta correcta es b).

Para qué decir que el tipo de comida asociado a “lunch” tampoco corresponde a las comidas que vienen a nuestra mente con la palabra “almuerzo”.

Cuando un gringo piensa en su “lunch”, lo más probable es que se le venga a su mente un sandwich (o alguna otra comida rápida).

En cambio, cuando yo no puedo almorzar, me como un sandwich. Es decir, en mi mente (y asumo que en el imaginario de esta región), un sandwich no constituye un almuerzo (propiamente tal).

Asimismo, recuerdo que una vez, cuando vivía en Estados Unidos, me preparé de desayuno un sándwich de queso (en Chile no es raro que el desayuno sea una taza de té o café más un pan con algo, léase mermelada, queso, jamón, etc.) y a mi anfitrión gringo le pareció tan excéntrico que me dijo “a cheese sandwich for breakfast… that’s unique!”.

Por tanto, aunque no puedo decir que en todos los hogares norteamericanos se come cereal con leche para el desayuno, porque esto varía de casa en casa, sí tengo claro que, así como “sandwich” no cabe dentro de mi imaginario de almuerzo, tampoco cabe en el de “breakfast” gringo.

Sigamos hablando de comidas. Una vez me topé con una infografía sobre los distintos tipos de “cake” que existen en Inglaterra. ¡Una infografía, en serio! (les dejo el link más abajo). Todos tradicionales de la hora del té o tea time. Cuando vi esta infografía recordé el problema que es traducir “cake”… ¿es “queque” o “torta”?

Cuando pienso en “queque”, se me viene a la mente los clásicos queques redondos con un hueco al medio, de color claro por dentro y más dorados por fuera. Hay muchos queques (de vainilla, de limón, etc.), pero en mi mente se ven todos más o menos igual. O dicho de otra forma, pese a la diversidad de texturas y sabores, algo hace que ponga a muchas de esas delicias dentro de la misma categoría “queque”. Y en su formato pequeño, constituye una buena colación para el recreo.

En cambio, cuando pienso en “torta”, no se parece en nada al queque. Para mí la clásica torta es la de mil hojas. Y las que tienen bizcocho (como la de piña), que podría hacerlas parecida a un queque, deben tener capas y relleno, si no ¡no son tortas! Por lo mismo, las tortas no pueden ser una colación. Deben comerse con ceremonia. Por eso, acompaña celebraciones, como el cumpleaños.

Si miran la infografía, verán que hay algunos de estos “cakes” que nunca podrían llamar queques, pero también otros que no podrían ser considerados tortas. Además, no aparece ni el cupcake ni el muffin.

En Chile se vive un boom de los cupcakes y no es difícil encontrar muffins en los cafés. Pero para muchos no parece haber diferencia entre unos y otros, porque los vemos como queques en formato pequeño.

La diferencia es más o menos clara al ver la forma. Para mí el cupcake es cualquier queque que tenga la forma y tamaño del cup donde fue preparado. Todo lo demás es accesorio: cremas, rellenos, etc. Sus sabores varían mucho, ya que se piensa en ellos como mini versiones de los cakes.

El muffin, en cambio, desborda su cup, por lo que tiene forma de hongo y, para lograr eso, obviamente la mezcla debe ser distinta. Se supone que también son menos dulces que los cupcakes (al leer en wikipedia sobre la historia del muffin, me entero de que su versión inglesa no es mucho más que una especie de pan, plano y sin azúcar). Pero ahora que las cadenas de café venden muffins tan dulces como los cupcakes, en realidad sólo queda la diferencia de porte.

¿Evocan estos “quequitos” algún contexto en particular? Más o menos. Podríamos decir que los cupcakes, por ser cakes, se asocian más al tea time o a eventos. Mientras que los muffins son más populares al desayuno o como tentempié.

Por otro lado, la palabra muffin puede traer a la mente un personaje: el “muffin man”. Esto es gracias a una canción infantil (dejo link abajo para el que quiera conocerla) que surgió del tiempo en que el muffin (inglés) se repartía a casa (como la leche) y lo traía el muffin man .

El muffin man es, por tanto, un personaje de la infancia y, como tal, si aparece en un comercial, apela a nuestro lado infantil o a emociones ligadas a nuestra infancia. Creo que es de esto (del infantilismo con que nos trata la publicidad) que Frank Zappa se mofa en su canción “Muffin man” (del álbum Strictly commercial), que describe una escena como de aviso publicitario.

Como ven, para dominar la lengua y/o llegar a hacer una interpretación de cualquier texto (pero sobre todo, de un texto “poético” o “artístico”), no basta con saber el “significado” de las palabras.

Aquí hemos revisado palabras que de seguro conocías, (“lunch”, “breakfast”, “sandwich”, “cake”, “muffin” y “cupcake”), pero que ahora puedes “dominar” mejor en el sentido de entender lo que evocan. Y eso nos permite, por ejemplo, arriesgarnos a hacer algo tan complejo como puede ser la interpretación de una canción de Frank Zappa.

¡Espero lo hayan disfrutado!

 

Aquí les dejo una lista de referencias:

Infografía de British cakes:

http://www.huffingtonpost.com/2014/04/24/british-cakes-desserts_n_5197480.html

Un video sobre la diferencia Muffin vs cupcake (en inglés):

https://www.youtube.com/watch?v=wMfUPNnVcw4

Muffin man nursery rhyme:  https://www.youtube.com/watch?v=lMOd8WADZZM

Muffin man, Frank Zappa: https://www.youtube.com/watch?v=WMwY49vTBk0

Y si les interesa leer más sobre el talento de Frank Zappa, recomiendo el libro “El rock en los desiertos. Diez viñetas para Frank Zappa”, de Rodrigo Zúñiga. Pueden encontrar mucho sobre Zappa en la web, pero poco en español. Además, este libro es profundo y entretenido.

 

 

Sobre el placer de saber inglés

¿Estás harto de que te recuerden la importancia que tiene, en estos días, dominar una segunda lengua en el ámbito profesional? ¿Estás cansado de tener que reconocer que no manejas bien el inglés? No sería extraño, porque, ya sea en las noticias, en informes relacionados con el mercado laboral, o incluso en las conversaciones de la calle, todos los días escuchamos acerca de las ventajas que tiene saber una segunda lengua, en especial, el inglés, o de lo que se pierde al no tener este dominio. Tal vez, sólo tal vez, en cada ocasión en que te lo recuerdan, pienses (seguramente algo frustrado y molesto) “sí, sí, ya sé… algún día”.

Este artículo está dedicado a las personas que no se han decidido a tomar un curso de inglés, o lo están tomando, pero sienten que de manera “forzada”.

Me gustaría saber si, luego del “sí, sí…” se han preguntado en verdad cuándo será el día. Porque yo creo que, para responder esa pregunta, hay que primero responder otra: ¿qué te impide estudiar una segunda lengua? Tengo la impresión de que muchos esgrimen el argumento de la falta de tiempo.

Es cierto, en estos días, el tiempo es el bien más preciado, pues todos vivimos –en especial en esta loca ciudad llamada Santiago- corriendo de un lado para otro. Sin embargo ¿me creerían que alguna vez conocí a alguien que en más de una ocasión había salido de la casa sin tomar una ducha, porque, según él, no había tenido tiempo? ¿Creerían posible, que muchas madres dicen no tener tiempo ni para dormir o alimentarse bien? ¡Pero cómo! ¿Acaso es posible que alguien diga que no tiene tiempo para necesidades tan básicas como dormir, alimentarse bien o tomar una ducha? Créame, es posible, pero si ustedes son como yo, sentirán que no es aceptable.

Yo era de las personas que decía no tener tiempo para dormir lo suficiente y, en consecuencia, vivía cansada, irritable y, en una palabra, desesperada. Llegó un punto en que me dije “¡para de sufrir!” y, aunque no fue fácil, pude encontrar el tiempo y cambiar mi vida.

Así es que, si respondieron “sí” a las preguntas que encabezan esta columna, puede que ahora se estén preguntando ¿llegará un momento en que me sentiré desesperado/a por no saber inglés? O, si ya lo están, puede que se pregunten, como me pasó a mí, ¿qué me impide “dejar de sufrir”?.

Yo les aconsejaría no esperar a sentir esa desesperación, o tratar de salir de ella lo más pronto posible. Créanme, saber otro idioma, saber inglés, no sólo les sirve para el currículum…  Saber otro idioma les dará una visión, una experiencia, más amplia del mundo.

En lo personal, les puedo contar algunas anécdotas para mostrarle el impacto que ha tenido tener dominio de una lengua extranjera en mi vida.

En primer lugar, saber inglés me ha permitido conocer gente de todo el mundo. Incluso cuando estaba en Francia, tuve la fortuna de conocer a una iraní, gracias al inglés. Esto quiere decir, por una parte, que me ha permitido forjar amistad con personas que viven –o han vivido- en lugares muy distintos del que yo vivo; que han sido criados en culturas muy distintas a la mía; que han visto, olido, escuchado, tocado y saboreado cosas muy distintas de las cosas en las que yo he podido usar mis sentidos; en otras palabras, que han pensado y sentido el mundo de una manera completamente diferente. Eso, ha ampliado mi visión, ha abierto mi mente.

Por otra parte, poder comunicarse con gente de todo el mundo me ha permitido ayudar a muchas personas, no sólo a aquellas con las que hice amistad, sino que a todo aquel que yo viera en la desesperación de no poder comunicarse, o aquel que quisiera aprender la lengua para, precisamente, poder explorar el mundo de esas formas distintas que ya he descrito. Y para mí, ayudar a otros es muy gratificante.

Por último, poder comunicarme con gente de todo el mundo, me ha permitido poder escuchar, o incluso llegar, a gente muy interesante o importante para mi trabajo. Eso no sólo me ha dado satisfacción, sino también muchas veces reconocimiento.

Pero saber inglés no sólo me ha permitido comunicarme con el mundo. Me ha permitido leer una miríada de textos en ese idioma. En la universidad, por ejemplo, me dio acceso a muchos libros de la biblioteca que otros no podían leer. Hablando de bibliotecas, si es verdad que el 85% de las páginas de la web están en inglés, imagínese la enorme ventaja que tengo para encontrar información, sobre todo relacionada con temas que autores de habla hispana han dejado de lado. Y cuando “descubro” algunas cosas, a veces me pasa que me siento como flotando… El inglés me da alas, diría alguien por ahí, pero en serio ¿cierto que se siente bien cuando uno encuentra lo que buscaba o algo incluso mejor?

A propósito de lecturas, saber inglés me ha dado la maravillosa oportunidad de leer muchos maestros de la literatura en su lengua original. Leer clásicos como “The Catcher In The Rye” (El guardián en el centeno) o libros más contemporáneos, como los de Paul Auster, en el original, me permite asombrarme aún más de la habilidad del escritor para usar el lenguaje.

¿No eres de leer libros? Bueno, te cuento que ver las películas en su lengua original (y la mayoría de las que llegan a Chile son de habla inglesa), no tiene nada que ver con verlas dobladas o subtituladas. Una amiga que habla perfectamente inglés (de hecho, es traductora y se casó con un británico), una vez me dijo “cuando voy al cine, soy siempre la primera en reírme de los chistes… a veces la única”.

Así que ya saben. Si están buscando un cambio relevante en su vida, les sugiero que aprendan un segundo idioma. Si ya habían pensado en estudiar inglés, decídanse a hacerlo. Ahora es la hora.

Y si quieren más razones para convencerse, le recomiendo este artículo:

http://www.huffingtonpost.es/2014/07/01/beneficios-de-aprender-idiomas_n_5514494.html

 

Claudia Panozo M.

“Mrs. Lennon” o el peso de las formas cordiales

¿Cómo se dirigen a ti las personas que no son cercanas, pero que quieren o deben demostrar cierta cordialidad?

A mí, algunos pocos (como los conserjes del edificio donde vivo) me dicen “señora Claudia”. Pero cuando salgo a la calle, a veces me llaman “señora” y otras, “señorita” ¿A ti, lectora, te pasa lo mismo? ¿Tienes alguna preferencia por la una o la otra? ¿Y por qué no es siempre de una de las dos formas (si yo soy siempre la misma)? ¿Qué hace que tú, lector o lectora, optes por decir “señora” o “señorita”? ¿Qué diferencia hace?

A propósito de este contexto, mencioné en I love you all: El poco ponderado problema con “you” la necesidad de agregar ciertas palabras al “How are you?” para hacer notar la formalidad (y así, no ofender a nadie). Estas palabras eran las formas cordiales “Mr.” (mister), “Mrs” (misiz), “Ms” (miz) y “Miss” (mis) , en el caso de conocer el apellido; y “sir” o “madam” (también “ma’am”), en caso de no conocerlo. Entonces ¿Por qué no revisamos qué diferencia hacen?

Para las fórmulas cordiales antepuestas al apellido (¡al apellido! ¡No al nombre!) existen:

“Mr.” (mister): para sujeto masculino; normalmente, el jefe de familia, el padre, pero también los hijos pueden ser nombrados del mismo modo (supongo que se asume que, en ausencia del padre, ellos son la cabeza de la familia).

“Mrs” (misiz): para la esposa (sujeto femenino) del jefe de familia; la madre.

“Miss” (mis): para la hija (sujeto femenino) del jefe de familia.

Cabe recordar aquí que, en la cultura angloparlante (y en otras culturas también, pero no la nuestra), las mujeres pierden su apellido al casarse y adquieren el de su esposo.

En otras palabras, al casarse “Mr. Lennon” con cualquier “miss”, esta última se convierte en “Mrs. Lennon”.

“Ms” (miz): para sujeto femenino, pero ni hija, ni esposa. El diccionario dice que es una expresión revivida en el siglo XX ¡No es difícil imaginar porqué!

Tal como para decir “señora” o “señorita” hay que saber el estado civil de la mujer, para usar “Mrs.” y “Miss” ocurre igual. Entonces el “Ms” pareciera ser la solución para esos casos en que desconocemos la información, ya que no requiere que hagamos alusión al estado civil de la mujer.

Es más, si fue revivida es porque ahora no sólo se usa para cuando desconocemos esa información, sino también cuando no queremos dejar sujeta la identidad de una mujer a su posición respecto a un hombre (hija o esposa de…). Por ejemplo, en la escuela norteamericana donde asistí, a todas las profesoras se las llamaba Ms. con su respectivo apellido.

Aun así, en Wikipedia se sostiene que “los expertos en etiqueta” debaten la conveniencia de su uso y, ya que algunas aún prefieren ser llamadas “Miss” o “Mrs.”, sugieren que se respete la preferencia de la mujer aludida.

Las formas cordiales que se usan para dirigirse a alguien, en caso de no conocer el apellido, son:

Sir: para sujeto masculino.

Madam (ma’am): para sujeto femenino. Se usa más comúnmente con mujeres que podrían ser “mrs”.

Pero entonces ¿Qué se usa para nombrar mujeres jóvenes? La primera palabra que se viene a mi mente es “lady”; sin embargo, no lo dije antes porque descubrí que el término es polémico (pese a venir de un título de nobleza, ha habido mujeres que se han ofendido por ser llamadas así).

Lo correcto, al parecer, es usar “miss”.

Miss:   manera formal de dirigirse a, o llamar la atención de, una mujer joven.

 

Me gustaría volver al punto en que señalé que Mr., Mrs., etc. Se usaban con el apellido y no con el nombre. Desconozco el origen de esta diferencia. Sé que en español también es bastante común decir “el señor Pérez”, pero creo que no son del todo equivalentes en cuanto a su uso (y por tanto, a lo que evocan).

Por ejemplo, en el mismo caso de cómo saludan los conserjes de mi edificio, escucho más “don _____” y nombre de pila, que “señor _____” y apellido.

Me parece que las fórmulas con apellido están relegadas a contextos más formales, en especial en el caso de las mujeres. Creo que las únicas veces que he escuchado “la señora ____” con apellido, es cuando se han referido a la presidente de un país. Y ojo que es con el apellido propio, no con el del marido (aunque a veces se mencione después, como en el caso de la señora Cristina Fernández de Kirchner).

Sin embargo, creo que cuando escuchamos “la señora María”, “la señora Clarita”, la imagen que se nos viene a la mente es la de la señora dueña de casa. Eso trae consigo todo un imaginario (con el que juega la publicidad, por ejemplo): la señora regando las plantas, limpiando la casa, preparando la cazuela, etc.

En inglés, ya que no se usa Mrs. con el nombre de pila ¿cuál será el imaginario que invoca? ¿Será una mezcla de la respetable señora (como la presidente) y la dueña de casa? o ¿será distinto?

En este punto conviene recordar que una Mrs. siempre lleva el apellido del marido, por lo que, ante todo, Mrs. hace referencia a la esposa del jefe de familia.

Sin duda es por eso que, desde hace ya un tiempo, hay mujeres que se niegan a llevar esta forma cordial antepuesta al apellido de sus maridos y prefieren conservar su nombre de soltera, como lo hizo Yoko Ono.  Por ley, ella se convirtió en Mrs. Lennon, pero siguió siendo conocida como Yoko Ono. En la actualidad, entiendo que la ley también permite a la mujer conservar su apellido.

 

Hasta aquí hemos visto lo básico de las formas cordiales. Pero si quieres profundizar más, debes observar su uso, ver por ejemplo, en qué contextos se usan, qué connotación agregan a las frases, etc.

Si te interesa profundizar, te invito a seguir leyendo y te propongo un ejercicio de interpretación.

 

Hay una canción de Yoko Ono llamada “Mrs. Lennon”, que me gustaría analizar para ver qué más puede haber en un “Mrs”. Dejo como tarea la reflexión sobre las otras formas cordiales.

La canción empieza así:

Mrs. Lennon, o’ Mrs. Lennon,
Checking the sky to see if there’s no clouds.
There’s no clouds,
O’ then, I guess it must be alright.

¿Qué imagen es ésta? Es la de una mujer que mira al cielo, para ver si no hay nubes. Es una imagen un tanto melancólica, sobre todo por el tono de preocupación que tiene. Pero ¿dónde se encuentra esta mujer? Nada se nos dice en esta estrofa. Sin embargo, si recordamos que se trata de la esposa de un Mr. Lennon, bien podríamos imaginarla en casa, mirando por la ventana, y su preocupación podría ser meramente doméstica (vigila que no venga la lluvia, por ejemplo, porque tiene ropa tendida que habría que recoger). El último verso, no obstante, no cuadra con esta impresión, ya que, tras constatar la ausencia de nubes, avisa que todo debe estar bien, es decir, lo enuncia como suposición, dejando la duda sobre el verdadero estado de las cosas.

Sigamos:


Mrs. Lennon, o’ Mrs. Lennon,
Making the tea and watching the sea.
There’s no waves,
O’ then, I guess it must be alright.

Aquí sí se da una ubicación a Mrs. Lennon, ya que la encontramos en la tradicional tarea de preparación del té, una tarea doméstica. Curiosamente, esta tarea aparece aquí unida al gesto de mirar al mar. La experiencia del mar también es parte de la cultura inglesa ¿recuerdas? (lo cual implica muchas cosas, como lo vimos en la entrada anterior). Y este gesto de mirar al mar, como el de mirar al cielo, aparece manifestando una preocupación: las olas pueden indicar que viene la tormenta, que se acercan problemas. No obstante, tras constatar que no hay mar turbulento, tal como en la primera estrofa, persiste la inquietud.

Si mantenemos en mente la escena de preparación del té, el lamento que sigue nos da otras pistas de esta inquietud:


Silver spoon, o’ silver spoon,
I lost my silver spoon.

Parece una preocupación banal: he perdido mi cuchara para el té, dónde estará, es hora del té y no la tengo. Sin embargo, revela en parte el peso de tener que cumplir con la tradición (no se puede fallar a la tradición).  Y más importante aún, este lamento revela un sentimiento enorme de pérdida. Sentimiento que se explica mejor a continuación:

And our children, o’ our children,
Did they have to go to war?
Yes, my love, it’s okay,
Half the world is always killed you know.

Este cuadro hace releer los anteriores pues ¡Hay una guerra! ¡Y sus hijos no sólo están ausentes, sino en constante peligro! Su preocupación no era sólo doméstica, no. Ahora se entiende la inquietud a pesar de la calma aparente. ¡Qué peso cae sobre esta mujer! ¡Resignarse a que los hijos deben ir a la guerra! ¡Criar hijos para verlos partir! ¡Criar hijos para exponerlos a la muerte en nombre de la patria! ¡Soportar la ausencia o la muerte de los hijos!

Llama también la atención que en este cuadro aparezca el jefe de familia. Éste pareciera tener el deber de calmar a su esposa, pero ¿lo hace? Claramente no. No es consuelo que a la mitad del mundo siempre la maten, aunque eso se haya establecido como lo normal (lo que se deduce del “…you know”). El rol del padre, entonces, pareciera ser el de “normalizar”, de hacer parecer normal lo que no lo es; o bien, de “aceptar” e “informar” lo que se ha impuesto como normal.

Pero ¿qué ocurre cuando se asume este rol? La respuesta está en la siguiente estrofa:


Husband john extended his hand,
Extended his hand to his wife.
And he finds, and suddenly he finds
That he has no hands.

El esposo (el pobre John, no Mr. Lennon) extiende sus manos hacia su esposa; este es un gesto de querer brindar contención. Pero ¿qué ocurre? Se encuentra con que ¡no tiene manos! ¡No puede brindar esa contención! Y además, se da cuenta por primera vez de que ha perdido sus manos.

Luego, el lamento:


They’ve lost their bodies!
They’ve lost their bodies!
Yes, they lost their bodies.

“Han perdido sus cuerpos” ¿Quiénes? ¿Los jefes de familia que no pueden brindar contención a sus esposas? ¿Los padres que no pueden ayudar a sus hijos? ¿Los hijos, porque han muerto? En cualquier caso, está la gran, gran pérdida. Esta tradición mutila los cuerpos, los hace desaparecer, nos priva de ser seres humanos completos.

Aun así y a pesar de sí mismos, ellos mantienen sus roles, como si no hubiese otra opción. Es lo normal, ya sabes:

Neither of them, o’ neither of them
Never left each other.
Yes, my love, it’s okay,
Half the world is always dying you know.

 

Creo que esta canción es muy profunda. Claramente habla del dolor de la guerra y las pérdidas que ésta acarrea. Pero también puede uno leer en ella una crítica a ciertas convenciones, un cuestionamiento a los roles impuestos socialmente –representados en parte por las formas cordiales- que generan ciertas expectativas (evocan ciertas conductas) y no nos dejan ser (o no nos permiten ser percibidos como) seres humanos completos.

 

Ya está. Espero hayan quedado claras las diferencias básicas entre las formas cordiales y que, a su vez, el ejercicio les haya mostrado el gran peso que pueden llegar a tener estas palabras.

 

¡Hasta la próxima!

¡A sumergirse en la lengua!

Todo llega a su fin ¡También las vacaciones! Y una de las cosas que extraño de las mías es el mar. Así es que, para seguir sumergida en él, aunque sea sólo en mi mente, dedicaré este post a todo lo que me recuerda esa palabra,”mar”.

Para mí, el mar trae recuerdos de vacaciones de verano y recuerdos de infancia. En este sentido, lo que asocio al mar son palabras como playa, arena, sol, brisa, relajo y diversión. Nada como sentir la arena cálida bajo los pies, disfrutando del sol sobre la piel y la brisa refrescante para relajarnos. Nada como pasar horas jugando con arena, correr yendo y viniendo para escapar del agua, o saltar para meternos en las olas para que la diversión parezca eterna.

¿Son estos recuerdos tan personales? De seguro muchos tienen en su biografía algún paseo a la playa, sobre todo los chilenos, que tenemos tanta costa a nuestra disposición. Por eso, es probable que en nuestra cultura, el mar sea un imprescindible de verano y vaya asociado al goce.

Pero hay más ¿Cierto? ¿Qué más trae a tu mente el mar?

¿Pescados y mariscos? Claro, el mar es para los chilenos una fuente de alimentos y ¡recursos económicos! Pero esa es una particularidad de nuestro mar, porque no todos los mares son tan abundantes como el nuestro, ni los frutos del mar son tan sabrosos en todas partes. Aun así, creo que podremos imaginarnos que los pescadores tienen vidas o incluso tradiciones similares en todo el mundo. Creo que al imaginar la vida de un pescador, la mayoría pensará en una vida de esfuerzos, de valentía, de paciencia y soledad. Se requiere esfuerzo para salir a buscar, se requiere valentía para adentrarse en el mar, paciencia para recoger los frutos y muchas veces los pescadores están solos en la inmensidad el mar.

La inmensidad del mar… esa es otra experiencia que el ser humano puede vivir en cualquier país que tenga costa. Puede sentirla en el cuerpo, como cuando alguien nada un par de metros y ya no puede ver sino agua a su alrededor (no ver ni tocar, por ejemplo, el fondo marino). Y también puede vivirla cuando pierde su mirada en el horizonte y sabe de la vastedad de los océanos. El mar es todo un mundo dentro de nuestro propio mundo, y no conocemos todo de sus profundidades. ¡Qué pequeños somos frente a esta inmensidad! Ese es el sentimiento “romántico” que muchos pueblos han experimentado y que se ve reflejado en su arte y literatura.

Por lo mismo, ir hacia el mar, en un pequeño bote, como el pescador, o en cualquier embarcación, siempre es una aventura. Visto así, el mar, con sus olas, es naturaleza impredecible, fuerza incontrolable, belleza y peligro a la vez.

Me parece, sin embargo, que uno puede apreciar matices en esa experiencia, dependiendo de la geografía. Pienso, por ejemplo, que el mar mediterráneo “comunica” países, por lo que solía ser muy importante para el comercio. Aunque, claro, a la luz de lo que pasa con los inmigrantes, es obvio que también ese mar “separa” y es testigo de muchas tragedias. Pero es el océano Atlántico y todo lo que está más allá, lo que representó “lo desconocido”, eso que puede estar lleno de maravillas, pero también de peligros inimaginables. Pienso en 20 mil leguas de viaje submarino (Verne) o las Aventuras de Arthur Gordon Pym (Poe).

En Chile, me parece que la sensación es de que el mar nos aisla. Nos parece que todo el mundo nos mira como el fin del mundo. Creo que la literatura nos sugiere que, con lo único que nos “conecta” nuestro mar, es con parajes inhóspitos, donde la naturaleza es despiadada. En ese sentido, el mar es sinónimo de barrera, obstáculo, límite.

Volvamos atrás un poco. Antes de hablar de la aventura, podríamos detenernos en un detalle. El ser humano sólo tiene una forma de aventurarse en el mar: con sus embarcaciones. De ahí surgen las tradiciones náuticas. Y cuando en un país esas tradiciones son importantes, su lenguaje lo hace notar. No por nada la mayoría de nosotros puede entender expresiones como “donde manda capitán, no manda marinero”. ¿Qué otras expresiones similares conoces tú?

Cabe mencionar que las aventuras náuticas han tenido (en la historia y en el mundo) distintos propósitos: exploración, comercio, conquista, invasión, etc. De ahí que la tradición náutica se emparenta con muchas otras tradiciones, por ejemplo, la bélica. El mar es la frontera natural de muchas naciones.

Si has leído hasta aquí, has reflexionado sobre nuestra historia, sobre cómo la geografía (tener cerca un mar como el mediterráneo o un océano como el Pacífico, por ejemplo) ha sido determinante de la realidad de nuestro pueblo y, por lo tanto, de su cultura. Ahora recuerda lo que dije en Lo que no sabías de tu lengua materna que te ayudará a aprender otra lengua, acerca de que cada evocación depende principalmente de la historia de la cultura que hace uso de la misma lengua.

Ahora que tienes frescas estas ideas, quiero que pienses ¿dónde surgió la lengua inglesa?Eso es… ¡En una isla! ¡Rodeada de mar!

Entonces, ya puedes imaginar que en la cultura angloparlante las palabras que hacen referencia al mar evocarán muchas de las cosas de las que he hablado.

Habría que preguntarse si la palabra “sea” (mar) trae a la mente palabras como “beach” (sand, sun, etc.) y si ésta se asocia tanto al goce. O si, más bien, “sea” trae el recuerdo de las numerosas “battles” (batallas) libradas en alta mar o de palabras como “immensity” (inmensidad) y “vastness” (vastedad). Creo que la experiencia puede ser similar, pero tengo mis dudas. Tengo un mar de dudas, a sea of doubts.

Lo que sí sé es que en el inglés abundan las “expresiones idiomáticas” (idioms) relacionadas con el mar o, más bien, la tradición náutica.

No sé si sería productivo pensar en todas nuestras expresiones idiomáticas (en español) relacionadas con el mar y buscar sus equivalentes en inglés ¿Qué crees tú?

Yo pienso que aunque encontráramos expresiones con semejante significado, no tendrían la misma frecuencia de uso. Por ejemplo, he escuchado muchas veces en inglés la expresión “to know the ropes”, que podría traducirse como “conocer las cuerdas” o “saberse las cuerdas”, pero desconozco si en español existe una expresión similar. Lo que sé, es que, si existe, no se usa tan a menudo como se usa en inglés.

Por eso, creo que es útil revisar listados de los “idioms” más populares y su uso, para lo que les dejo un link:

http://www.linguahouse.com/es/learning-english/general-english/sea-and-ocean-idioms/29b903a2-84f9-5994-a953-a127c28a94aa/

Por otra parte, en el ámbito de los negocios se tiende a utilizar aún más expresiones ligadas a la tradición náutica. Apuesto que no tendrás problemas para entender, si te digo que el jefe espera que todos remen para el mismo lado, o que cada uno hace su parte para mantener el barco a flote. Eso es, porque es común que a una compañía se la compare con un barco, sobre todo en inglés, tal como se señala en este link:

http://kuzina.me/blog/2014/03/01/english-idioms-sea-ocean-3/?lang=en

Creo que ya tenemos suficientes ideas sobre el impacto del mar en la lengua inglesa, pero si les interesa profundizar en el tema, les recomiendo esta página que describe frases con etimología náutica:

http://www.phrases.org.uk/meanings/nautical-phrases.html

Bueno, hasta aquí los dejo por hoy. Espero se hayan dado un buen chapuzón de su propia lengua y se sientan listos para sumergirse en otra lengua.

¡Hasta la próxima!

 

 

En busca de quiebres para fluir

Hoy quiero contarles algunos momentos de mi vida que creo fueron cruciales porque, gracias al “quiebre” que produjeron, me fueron permitiendo adquirir el inglés como segunda lengua. Quizás eso les ayude a entender lo que expuse anteriormente en Guía para encontrar tu mejor forma de aprender (inglés) y, quién sabe, tal vez los inspire.

Los primeros recuerdos que tengo de mi aprendizaje del inglés se remontan al colegio. De la primera etapa escolar, lo único de inglés que recuerdo haber aprendido son canciones, y lo recuerdo porque algunas aún me las sé, o bien, las tenía de tal manera guardadas en mi memoria que, una vez que tuve buen dominio de la lengua, pude reconstruirlas en mi mente (sí, el cerebro puede hacer cosas maravillosas).

¿De qué me sirvieron las canciones? Como cualquier canción para todo niño, probablemente me sirvió para obtener vocabulario, pronunciación, etc. Pero creo que más importante aún fue el hecho de que yo, como niña, relacioné –inconscientemente- el inglés con diversión, con algo placentero.
De esta forma, cuando tuve la experiencia de estar frente a un hablante nativo, un primo un poco menor que yo que vivía en Inglaterra, no tuve miedo de tratar de jugar con él y busqué la forma de comunicarnos. De ese encuentro, recuerdo aprender palabras como “ghost” (fantasma), porque jugábamos con figuras Playmobil y yo tenía un fantasma que brillaba en la oscuridad. ¿Me ha sido útil en la vida saber esas palabras? Probablemente no, pero esa experiencia hizo que el inglés fuera un desafío (entretenido) para mí, sobre todo, porque me permitiría… ¡jugar con otras personas!
Mucho más adelante, tuve el privilegio de tener una profesora estadounidense en el colegio. Era, para muchos, una “gringa loca”. Pero esa gringa loca había estudiado para ser docente y me permitió aprender mucho, tanto, que podría decir que con ella por fin pude atar la mayoría de los cabos sueltos que tenía en inglés. Uno de los ejercicios que recuerdo con más cariño fue tener que escribir para cada clase un párrafo. Es decir, llevar como una especie de “bitácora” en inglés, donde podía hablar de cualquier cosa.
¿Por qué llevar una bitácora me fue tan útil? Porque me permitió tratar de traducir mis ideas al inglés y no sólo traducir palabras o completar frases con el tiempo verbal adecuado. Al tratar de traducir ideas, a veces me pillaba pensando, en mi propia lengua, en una expresión idiomática o usando alguna estructura que no entendía por qué se usaba así. En otras palabras, al tratar de traducir mis ideas al inglés, me vi reflexionando sobre la forma en que “traducía” mis ideas al español, e hice el cambio entre la típica pregunta “¿cómo se dice… (x palabra)” a “qué se dice cuando…(x circunstancia)?”. Está demás decir que, adicionalmente, aprendí vocabulario muy útil para mí, porque estaba relacionado con mi vida, y que al ser un ejercicio escrito (que no tiene el apremio de una conversación) tenía todo el tiempo del mundo para pensar en la estructura gramatical que necesitaba usar, lo que me ayudó a internalizar esas estructuras y poder recurrir a ellas cuando lo necesitara para comunicarme, no sólo para cuando tuviera que completar un ejercicio.
Como podrán inferir, ese ejercicio escrito mejoró mi habilidad para hablar (de pronto, ya no tenía que pensar tanto en las estructuras gramaticales), lo que permitió que, cuando hiciera un viaje a Estados Unidos, pudiera comunicarme con hablantes nativos. Sí, claro, tuve dificultades al entender lo que algunos decían y tuve que pedir muchas veces que repitieran lo dicho. También tuve que decir algo muy puntual de una forma larguísima, porque no tenía el vocabulario necesario. Pero fuera como fuera, lograba comunicarme en su lengua y esto me permitió ir aprendiendo nuevas cosas cada día.
¿Alguna vez me desalenté? ¡Pero obvio que sí! Como el cerebro se cansa, recuerdo un día, de ese viaje de tres semanas en los Estados Unidos, en que no entendía una sola palabra de lo que cualquier persona dijera, y también las palabras se rehusaban a venir a mi mente cuando quería decir algo. Ese bloqueo fue muy frustrante, pero luego de llorar y descansar (era una adolescente después de todo), pude recuperarme, y mi inglés no ha parado de fluir desde entonces.
Bueno, no exactamente, porque cuando uno deja de lado un idioma, fácilmente se va olvidando y a mí me pasó. Pero en estos días, es muy fácil volver a conectarse a esta lengua, internet nos brinda una miríada de posibilidades para exponernos al inglés en miles de contextos imaginables. Yo sigo aprendiendo día a día. Hace poco, por ejemplo, descubrí unos juegos para el teléfono (una aplicación llamada Elevate es mi favorita) que me han ayudado a incrementar aún más mi vocabulario, entre otras cosas.
Y si el mundo virtual no te basta, si eres de los que necesita la interacción humana para aprender, pues no lo dudes ¡toma un curso de inglés! En el mejor de los casos, te toparás con profesores que te hagan relacionar el inglés con algo placentero, que te abran el apetito por comunicarte, que te muevan a asumir el desafío, te ayuden a sortear los obstáculos y a no desalentarte al enfrentarlos. En otras palabras, profesores que te brinden experiencias significativas, similares a las mías, y que te guíen hasta que no puedas parar de fluir.

Me encantaría saber qué experiencias recuerdan que los ayudó a tener mejor dominio de su propia lengua y/o de una segunda lengua que estuvieran aprendiendo. Así es que, si se animan, pueden escribirlas en los comentarios. Estoy segura de que a más de alguno le podrá servir de inspiración y yo se los agradeceré eternamente.

¡Hasta la próxima!

Guía para encontrar tu mejor forma de aprender (inglés)

 

He  escuchado un millón de veces “ya estoy viejo para aprender otro idioma” o “nunca pude aprender inglés, así es que ya no lo aprendí”. Si eres de los que piensa que sólo los niños pueden aprender cosas nuevas, debes saber que sólo te estás dando excusas para no empezar a estudiar un idioma, o bien, estás saboteando tu propio aprendizaje al ponerte una traba mental. 

Sí, es sólo una traba, porque el cerebro adulto también permite aprender, gracias a que sus estructuras pueden ser moldeadas. (Te dejo un link abajo, por si quieres saber más sobre la plasticidad del cerebro).

 Lo que debes meterte bien en la cabeza es que aprender implica desarrollar ciertas estructuras en el cerebro.  ¿Cómo se logra eso? A través de las experiencias significativas. Esto es así para niños y adultos. Y vale también para el aprendizaje de lenguas.

Sin duda, aprender es más fácil para un niño, porque para ellos todo es experiencia significativa. Un niño desarrolla estructuras mentales con toda experiencia, por lo que sólo necesita eso para aprender: experiencias. Lo que en términos de un idioma es, simplemente, ser expuesto a la lengua. No por nada la primera palabra suele ser “mamá” (ella es la primerísima experiencia con el mundo y generalmente es la más cercana en el entorno).

También es sabido que los niños aprenden por imitación. Eso también es parte del desarrollo de estructuras en el cerebro. Cuando el niño escucha “hola”, por ejemplo, probablemente será al mismo tiempo que tenga la experiencia de ver el encuentro de dos personas, por lo que, luego de observar esta conducta repetidas veces, él dirá “hola” en una situación que él crea similar. De ahí que, lo más probable, es que empiece por saludar a todo el mundo en la plaza. Pero al no recibir siempre un “hola” de respuesta, terminará entendiendo que un “hola” se usa, por lo general, para saludar a gente que uno ya conoce. Habrá desarrollado una estructura mental tal, que le permitirá interpretar y usar correctamente la palabra “hola”.

Para un adulto, que ya tiene estructuras mentales formadas, no toda experiencia es significativa. Una experiencia es “significativa”, en el caso de un adulto, cuando modifica las estructuras existentes. En consecuencia, ser expuesto a la lengua es muy necesario, pero puede no ser suficiente. Imitar (repitiendo frases, por ejemplo) también es muy necesario, pero puede no ser suficiente. Practicar, cometiendo errores, puede otorgarnos experiencia significativas si los errores son corregidos de forma que se logre producir el quiebre (como la experiencia del niño que no recibe siempre un “hola” de vuelta), pero cuando nos corrigen un error no siempre se convierte en una experiencia significativa y seguimos cometiendo el mismo error una y otra vez (es lo que los profesores llamamos “vicios”).

Piénsalo. Si la clave para aprender idiomas es vivir experiencias significativas con el idioma, es probable que esto explique (al menos en parte) el hecho de que, a pesar de haber aprendido las fórmulas gramaticales que te enseñaron en las clases de inglés, nunca hayas aprendido realmente la lengua, pues sólo para unos cuantos tiene relevancia entender los tiempos gramaticales, recordar sus nombres raros y estudiar el “comportamiento” de las palabras en nuestro habla.

Entonces, cuando alguien se pregunta “¿cuál es la mejor manera de aprender inglés?”, debe saber que no hay una respuesta, sino varias, porque la mejor forma será la que le haga vivir las experiencias más significativas. Y como podrás suponer, lo que es “significativo” para unos, no lo es para otros. Pero no te confundas, “significativo” no significa –valga la redundancia- que sea sólo y exclusivamente relacionado con lo que te interesa. No. “Significativo” implica, como ya dije, que el evento genere cambios en tus estructuras mentales, y para esto, debe producir una especie de “quiebre”.

Como podrás imaginar, no es tarea fácil producir esos quiebres. Los buenos profesores, esos que te permiten aprender en un curso de inglés, preparan sus clases, buscando la manera de producir quiebres en sus alumnos. Sin embargo, como todos somos distintos, si la clase es grupal, el profesor necesitará aún mayor habilidad para lograr que cada uno aprenda.

Pero obviamente no todo está en los profesores. Los “quiebres” se pueden lograr de muchas maneras y tú mismo puedes tener la clave para encontrar la fórmula que a ti te funcione.

¿Tienes claro lo que NO te funciona, porque has intentado aprender y no lo has logrado, pero no sabes bien qué podría ayudarte?

Primero que nada, deja decirte que tal vez sí has aprendido, pero te falta un “gran quiebre” que te ayude a hilar tus conocimientos de forma que puedas hacer uso de ellos.

Lo segundo que quiero decirte es que ¡no queda más que seguir buscando! La edad no importa ¡debes confiar en tu cerebro!

Por último, te sugiero que reflexiones sobre las cosas (de la vida, no sólo de los idiomas) que te han producido esa asombrosa sensación de “¡eso era!” o “¡ahí está la cosa!”. Estoy segura de que eso te ayudará a encontrar tu mejor forma de aprender.

En la próxima entrega, prometo darles algunos ejemplos biográficos de mi proceso de aprendizaje, que creo pueden ser representativos y servir de inspiración.

¡Hasta entonces!

El link prometido:

http://www.tendencias21.net/Las-experiencias-modifican-continuamente-el-cerebro-adulto_a4570.html

I love you all: El poco ponderado problema con “you”

 

¿Te pasa que, aunque entiendes perfectamente un “you can do it!”, hay personas que insisten en que puedes hacer cosas que en realidad no sabes hacer? ¿Se ofende la gente mayor cuando les hablas? Tal vez no comprendas todas las dimensiones y usos del pronombre “you”.

En It happens: El clásico problema con “it”  expliqué algunas razones por las que los pronombres personales pueden darnos problemas a la hora de hablar en inglés y me detuve en las dificultades con “it”. Ahora quisiera detenerme en el poco ponderado problema con “you”.

El pronombre personal “you” corresponde a la 2ª persona sin importar si es contexto formal o informal. En este caso, algunos creen que por no hacer esa distinción, como sí se hace con “tú” y “usted”, en inglés todos se “tutean”. La verdad es que aunque utilicen el mismo pronombre, tienen otras formas de hacer visible la formalidad. Por ejemplo, si un compañero de colegio va a tu casa, lo más probable es que salude a tus padres con un respetuoso “hello, Mr.Smith, how are you?” o bien “How are you, Mr. Smith?”, lo que a nosotros nos puede sonar demasiado formal, por el hecho de que sólo necesitamos “¿cómo está?” para hacer notar la formalidad y, por lo mismo, ningún adolescente dirá “señor Pérez”, sobre todo en Chile, donde en estos casos la formalidad es transformada en “familiaridad” y se tiende a llamar al padre de un amigo “tío”.

En consecuencia, si en tu cabeza estás traduciendo “¿cómo está?” por “how are you?” y sólo eso, piénsalo de nuevo, porque es probable que ofendas a ciertas personas, por no hacer notar la formalidad. Si conoces el apellido de la persona a quien te diriges, debes anteponer las formas cordiales “Mr.” (mister), “Mrs” (misiz), “Ms” (miz) y “Miss” (mis) a como dé lugar. Si no lo conoces, no se te ocurra decir “how are you, mister?”, porque ofenderás profundamente a tu interlocutor. Hazte un favor y añade al “how are you?” un “sir”, si la persona es un varón, o “madam” (también “ma’am”), si es una mujer.

Otro punto importante es que “you” es tanto singular como plural. En otras palabras, si quiero decir “(tú) estás aquí” es correcto usar “you are here”, y si lo que quiero es decir “(ustedes) están aquí”, también es correcto decir “you are here”. Muchas veces el contexto deja más que claro si se trata de un “you” singular o plural, pero en varios otros casos la oración queda ambigua, aunque esté gramaticalmente correcta. Esta ambigüedad del lenguaje genera ciertos usos. Por ejemplo, es común que cuando el hablante desea enfatizar que se refiere al plural, agregue una palabra que identifique al grupo (“you, Chileans”, “you, women”, etc.) o bien añada una palabra genérica y diga algo como “you all”, “you guys” o “you people”.

Pero, como con la mayoría de los usos, hay que tener cuidado. ¿Cuidado de qué? De no ofender a nadie. Obviamente eso va a depender de las sensibilidades culturales, pero también de nuestra habilidad con el lenguaje.

Piensa en lo siguiente. Si escucharas un tajante “ustedes creen que se aprende por osmosis” ¿quién crees que es el que habla y a quién le habla? ¿Podría ser, por ejemplo, un profesor a sus alumnos? Si así fuera ¿crees que todos los alumnos se darían por aludidos? Obviamente, el profesor se dirige sólo a los que no han demostrado que han aprendido y, probablemente, supone que no lo han hecho, porque no han estudiado. Entonces, si yo fuera alumna de este profesor, podría entender que me está tratando de floja, que no estudia. Pero, si estudié mucho y tengo la mejor nota, podría entender que ese “ustedes” no va dirigido a todos los alumnos (ciertamente, no puede ir dirigido a mí), sino a “ustedes, los alumnos que no han estudiado”, o más aún “ustedes, los alumnos flojos”. Lo que quiero decir con esta historia, es que en ese “ustedes” hay algo más implícito, que puede deducirse, en este caso, del resto de lo dicho por el profesor.

Ahora imagínate una situación  similar en que alguien diga “ustedes, la gente” (“you, people”) ¿quién es el que habla? ¿Acaso no es una persona, es decir, parte de la “gente”? Probablemente, si alguien lo dice con cierto desdén, es obvio que se excluye del grupo, probablemente porque se sienta superior a “la gente”. Entonces, es posible, como vi una vez en una película, que un negro se ofenda cuando un blanco diga “you, people”, porque interpreta que su interlocutor lo está juzgando como alguien que pertenece a un grupo inferior. Pero la persona puede no tener la intención de ofender. En el caso del chico de la película, sólo quería referirse al grupo familiar de su novia, que era de ascendencia afroamericana, y no a toda la raza.

“People” es el plural de “person”, por lo que al traducir “ustedes, la gente” yo he dado cierto tono a la frase que en inglés no tiene, necesariamente (pero puede tenerlo). Si yo veo, digamos, un par de personas en una cancha de fútbol, y quiero llamarlos, probablemente diré “hey, you!” si no los conozco. Si sólo uno se da por aludido, deberé especificar “you two!” si son dos, “you three” si son 3, “you all” si son varios. Por eso, mucha gente se ahorra esto, diciendo “hey, you people” desde la primera vez.

Esta ambigüedad del “you”, que es tanto forma singular como plural, puede prestarse también para el juego, por ejemplo, cuando se piensa en la contraparte. Para mí el “tú” siempre evocará un “yo”, y el “ustedes”, evocará un “nosotros”. Pero en inglés, “you” puede evocar tanto un “I” como un “we”. Entonces, si vemos, por ejemplo, los afiches de Barbara Kruger (artista conceptual estadounidense, cuyos afiches dieron que hablar en los 80s),  con frases como “you distroy what you think is difference” uno podría pensar a primera vista que ese “you” puede referirse a cualquier persona de este mundo que esté mirando el afiche. Pero también puede pensarse, en especial si he visto otros trabajos de la misma artista, que ese “you” está referido al sujeto masculino (ustedes, los hombres). En otras palabras, uno puede llegar a interpretar ese “you” como una forma de poner en entredicho la cultura patriarcal.

Otro uso que me parece fascinante de “you” es el que hace referencia a un sujeto que puede ser cualquier persona y no es ninguna determinada. Cuando alguien que planea visitar nuestro país pregunta “what can you do in Santiago?”, sin duda no quiere saber lo que “tú puedes” hacer, si no lo que “se puede” hacer en Santiago. De ahí que sea necesario responder “you can…” y no “I can…”. Ojo que no estoy diciendo que “se” es igual a “you”, porque “se” tiene distintos usos. Sólo digo que el “you” se puede usar como un sujeto indeterminado en algunos casos, como en el descrito. No existe en inglés una palabra equivalente al “se”.

Consideremos algunas diferencias culturales reflejadas en estos usos del lenguaje. Si pensamos en la típica frase chilena “¡vamos, que se puede!” ésta evoca a un grupo (“vamos”) y la posibilidad de alcanzar el objetivo. Es como si dijéramos “podemos hacerlo, porque es posible hacerlo”.

En contextos similares en que los chilenos decimos “vamos que se puede”, un gringo diría “yes, you can!”. Es una afirmación, un refuerzo de la idea de que “tú” puedes hacerlo, o “ustedes” pueden, vale decir, todo depende de ti, o  del equipo, no depende de la dificultad del objetivo.

Volviendo a la idea de los contrarios, esta interpretación del “yes, you can” le da, a mi gusto, un nuevo matiz al slogan de la campaña de Obama en 2008, “YES WE CAN!”. Ese “we” pasa de ser “nosotros, el equipo de Obama” a tener un sentido de comunidad que toma el poder y no lo deja en manos de un “tú”, o de un “ustedes” (you). Podría decirse que la apuesta fue “del pueblo para el pueblo”, o algo así.

Como pueden ver, hay mucho más en un “you” (o cualquier pronombre personal) de lo que nos dicen las reglas gramaticales (segunda persona singular y plural), e ir conociendo lo que las palabras evocan nos ayuda no sólo a tener una buena comprensión de lo que se dice, sino también nos permite entender mejor la cultura y ser más creativos a la hora de interpretar y producir textos. ¿No es verdad?

¿Conoces algún otro uso o tienes un ejemplo de lo que acabo de explicar? Por favor, cuéntalo en los comentarios. Y si lo que escribí te parece interesante, no dejes de compartirlo.

¡Hasta la próxima!

 

It happens: El clásico problema con “it”

¿Crees que puedes comunicarte en inglés, pero a menudo te piden que aclares quién hizo qué? Suele pasar, it happens.  A propósito ¿No sabes cuándo usar “it”?  Puede que tengas problemas con los pronombre personales.  Abordaré aquí algunas razones por las que se producen estos errores y me detendré en el clásico problema con “it”.

Una de las primeras cosas que se aprenden en un curso de idiomas son los pronombres personales. Es natural, porque esas palabritas hacen referencia a un sujeto y se necesita un sujeto para construir cualquier oración, es decir, para expresar la mayoría de nuestras ideas.

Pero no te dejes engañar. No por ser lo primero que debes aprender, el tema deja de tener complejidad. De hecho, los pronombres personales no son lo primero que aparece en el habla de los niños (es más, es común que digan cosas como “Elmo tiene hambre” refiriéndose a sí mismos). Y es por esto que hay muchas personas que alcanzan un nivel  suficiente como para comunicarse y que aún tienen problemas con algunos de estos pronombres.

Para los hablantes de español, hay una particularidad de nuestro idioma que suele ser la raíz del asunto: la omisión suele ser nuestra perdición.

En español, la palabra “terminé” es una oración completa, ya que la conjugación del verbo (-é) no sólo permite saber en qué tiempo se realiza la acción (pasado), sino que también el sujeto: “yo”. Esto hace que en español sea muy común lo que en gramática se llama “sujeto omitido”. No es que no esté, porque claramente aquí el que terminó soy yo. Lo que ocurre es que no es necesario mencionarlo con un pronombre, “yo”, en la oración.

En cambio, en inglés no es posible omitir el sujeto, o sea, es absolutamente necesario mencionarlo, ya que el verbo no siempre se conjuga y, cuando lo hace, no revela el sujeto.

Por tanto, cuando dices “finished” y solo “finished”, lo más probable es que un hablante de inglés sólo te entienda si puede deducir a partir del contexto que fuiste tú el que terminaste. Porque “finished”, a diferencia de “terminé” en español, no es una oración completa, y hay muy pocos contextos en que las oraciones incompletas son “aceptables” a la hora de comunicarse. Además, si necesitas comunicarte efectivamente es obvio que un lenguaje “aceptable” no es suficiente.

En consecuencia, el problema radica en que, gracias a la posibilidad que nos brinda el español de omitir el sujeto, no sentimos la necesidad de un pronombre. Pero en inglés, como vimos, no incluirlo constituye un error gramatical que puede llevar a serios problemas de entendimiento.

Una vez que tenemos conciencia de la necesidad de incluir el pronombre personal en la oración, es frecuente que haya confusión sobre cuál usar. Lógico, porque el español no tiene los mismos pronombres que tiene el inglés, como se ve a continuación:

 

PP en español PP en inglés
YO: primera persona singular. I: primera persona singular.
TÚ: segunda persona singular, informal.

USTED: segunda persona singular, formal.

YOU: segunda persona singular y plural.

 

ÉL: tercera persona singular, masculina.

ELLA: tercera persona singular, femenina.

HE: tercera persona singular, masculina.

SHE: tercera persona singular, femenina.

IT: tercera persona singular, neutral.

NOSOTROS: primera persona plural masculino (o genérico).

NOSOTRAS: primera persona plural, femenina.

WE: primera persona plural.

 

 

USTEDES: segunda persona plural YOU: segunda persona singular y plural.

 

ELLOS: tercera persona plural, masculina.

ELLAS: tercera persona plural, femenina.

THEY: tercera persona plural.

 

 

Como puedes ver, los únicos pronombres totalmente equivalentes son YO y I ¡Con razón cuesta decidir cuál usar! Pero en vez de desesperarse, conviene estudiar las diferencias.

El clásico problema con “it”

Partamos por el clásico problema con la tercera persona singular. Podría pensarse que “HE” y “SHE” son equivalentes a “ÉL” y “ELLA”. Pero no lo son del todo, porque los pronombres ingleses hacen exclusiva referencia a personas, mientras que en español pueden hacer referencia a un animal, un objeto o un concepto, cosa que en inglés queda expresado en el pronombre “IT”. Es decir, “él” y “ella” pueden perfectamente ser “he” y “she”, siempre y cuando hablemos de personas (o seres animados). Pero si decimos algo como “La mesa tenía 3 patas, por eso (ella) se tambaleaba”, no podemos traducir ese “ella” por “she”, porque se trata de una mesa. En este caso, debemos usar el pronombre “it”.

Pero “it” no es sólo para cosas. Si yo hablo, por ejemplo, de un país, también es un “it”, como en “Chile is a country located in Southamerica. It has 16 million inhabitants” (que traducido sería algo así como “Chile es un país ubicado en Sudamérica. (Él) tiene 16 millones de habitantes”).

Asimismo, al decir algo como “Mis vecinos tienen un perro nuevo. Llora todo el día”, “llora” permite saber que se trata de una tercera persona singular (es el perro el que llora, no los vecinos) ¿diríamos que es “él” o “ella”? No es necesario decirlo, el lenguaje nos permite esa ambigüedad, por lo que, si no lo sabemos, no lo decimos. Pero en inglés, como ya expliqué antes, se debe usar un pronombre. Como no se puede saber el sexo de los animales a simple vista, para nombrar un animal se usa “it”. Aunque… si es mi perro y sé si es macho o hembra, puedo decir “she” o “he”, especialmente si considero a mi mascota como a un miembro de mi familia.

A propósito de miembro de la familia, cuando una mujer está embarazada, no se sabe el sexo del feto por un buen tiempo (incluso algunos aún prefieren esperar hasta el nacimiento para saberlo), por lo que los doctores están obligados a hablar de “it” para decir, por ejemplo, que está creciendo (“it is growing”). Pero en los angloparlantes la palabra “it” no evoca seres humanos e incluso puede evocar cosas siniestras (acuérdense de la película “It” ¡con un payaso siniestro como protagonista!). Por eso, hay muchos padres que evitan referirse al feto con un “it” diciendo “baby” todas las veces, o bien, se la juegan por el sexo que creen que su bebé tendrá y le dicen “she” o “he”.

Otro caso a considerar es el de oraciones referidas al tiempo, como “está lloviendo”. Aquí ¿quién es el que llueve? Obviamente no es un hombre o una mujer, pero el verbo “llueve” me indica que es una tercera persona singular. Por tanto, es una tercera persona singular neutral, un “it” a todas luces, por lo que debemos decir “it is raining”.

Para resumir, y es lo que suelo decir a mis alumnos, “it” es para toda tercera persona singular que no sea una mujer o un hombre.

Por lo mismo, “it” también puede hacer referencia a algo mencionado con anterioridad (una situación explicada en una frase o todo un párrafo, por ejemplo). En este caso, el equivalente de “it” en español es “ello”, como en “Todos creen eso. Ello no implica que sea cierto”, donde “ello” hace referencia al hecho de que todos creen que algo es cierto.

Ah! Ojo que no hay que olvidar que se trata de la tercera persona neutral singular. Es decir, que así como no se te ocurría pensar que “Carolina and Claudia” son reemplazables por “she”, tampoco deberías pensar que “Chile and Argentina” son reemplazables por “it”. Si es tercera persona plural es “THEY”, es decir, el plural de “he” es “they”, el plural de “she” es “they” y el plural de “it” es “they”. Simple.

Espero que esto te haya ayudado a entender algunos de tus errores, de manera que puedas corregirlos. Abordaré otros pronombres más adelante. Si aún tienes dudas sobre el uso de “it”, déjalas en los comentarios o envíame un mensaje.

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¡Hasta la próxima!